Las pensiones superan a los salarios en 15 concejos asturianos, según el INE
El Atlas de Renta del INE sitúa a Degaña a la cabeza: el 53,2% de su renta bruta viene de pensiones y solo el 34,5% de nóminas.

En quince de los setenta y ocho concejos asturianos el dinero que entra cada mes por pensiones pesa más en la renta de los hogares que el que llega por nóminas. Lo dicen los datos municipales del Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística referidos a 2024, difundidos el pasado 19 de octubre y analizados por Asturias Mundial.
No es solo una cuestión de edad media. Es una radiografía de cómo se sostiene la economía cotidiana en buena parte del suroccidente y de las antiguas cuencas mineras: los supermercados, las farmacias, los bares y los pequeños negocios de muchos pueblos funcionan, en gran medida, con el ingreso puntual de las pensiones.
Degaña, el caso extremo
El concejo que mejor resume el fenómeno es Degaña. Allí las pensiones aportan el 53,2 % de la renta bruta de sus habitantes, frente a un 34,5 % procedente de salarios: casi diecinueve puntos de diferencia. Dicho de otro modo, de cada cien euros de renta registrados estadísticamente en el concejo, más de cincuenta y tres proceden del sistema público de pensiones.
Detrás de ese porcentaje hay décadas de cambios: el desplome de la minería del carbón, la dificultad para generar empleo alternativo, la marcha de los jóvenes y el envejecimiento. El reportaje original recuerda además un dato de afiliación publicado por La Voz de Asturias en agosto de 2025, que situaba a Degaña en torno a 0,16 afiliados a la Seguridad Social por pensionista —56 afiliados frente a 333 pensionistas—, con una metodología distinta a la del Atlas pero coherente con la misma imagen.
Junto a Degaña aparecen entre los concejos con mayor dependencia relativa de las pensiones Ibias, Aller y Riosa. En Ibias pesan el aislamiento y la dispersión de los núcleos; en Aller, la herencia del retroceso minero; y Riosa, pegada al área central, demuestra que el problema no es exclusivo de los territorios más alejados.
El contraste: Llanera
En el extremo opuesto está Llanera, donde los salarios suponen el 60,4 % de los ingresos analizados. Pesan su posición en el área central, las conexiones de transporte y la implantación industrial y empresarial. No significa que allí no haya población mayor ni que sus vecinos vivan necesariamente mejor: significa que la composición de los ingresos es radicalmente distinta.
Cómo leer bien el dato
Conviene evitar un malentendido frecuente. Que las pensiones pesen mucho no quiere decir que sean altas. El porcentaje puede crecer por dos vías opuestas: porque suban los ingresos de los jubilados o porque se reduzca la importancia relativa de los salarios. En los concejos que han perdido actividad productiva, lo determinante es lo segundo.
Otro matiz importante: la estadística del INE mide la renta de quienes residen en cada municipio, no la riqueza que generan las empresas instaladas allí. No sirve, por tanto, para calcular cuánto produce un concejo ni cuántos puestos de trabajo hay dentro de sus límites. Para saber qué territorios envejecen de forma estable y cuáles pierden población activa de manera continuada haría falta cruzar estos datos con el padrón y la evolución del empleo.
La pregunta de fondo
Las pensiones cumplen una función social imprescindible: dan estabilidad a miles de hogares y sostienen el consumo en lugares donde el trabajo escasea. Pero tienen un límite evidente. Pueden sostener el presente de un pueblo; no crean el empleo que necesita su futuro. Cuando los jóvenes se marchan, baja la demanda de vivienda habitual, caen las matrículas escolares y se vuelve más difícil mantener servicios.
Hay además una incógnita a medio plazo. Buena parte de las pensiones de las comarcas mineras procede de carreras largas en la industria extractiva. La llegada de generaciones con trayectorias más discontinuas o sueldos más bajos podría alterar ese volumen de ingresos, aunque no pueda darse por hecho.
Para los ayuntamientos afectados, el reto pasa por diversificar la actividad, mejorar la conectividad, facilitar el acceso a la vivienda y reforzar los servicios públicos. El turismo rural, la agroalimentación, los pequeños proyectos industriales y el trabajo a distancia aparecen como vías posibles, con recorridos muy distintos en cada concejo. El dato llega, además, en plena discusión sobre el modelo territorial y en un año en el que el presupuesto autonómico de 2027 supera los 7.000 millones, y conviene recordar que Asturias también registra señales en sentido contrario, como el aumento de empresas creadas en 2025.
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Elaborado a partir de información publicada por Asturias Mundial · Fuente primaria: documento original