Quince concejos asturianos entran en riesgo alto de incendio al inicio de noviembre
El índice oficial pasa de nueve a quince concejos en nivel alto en un día. El occidente concentra la mayoría, aunque ninguno llega a muy alto o extremo.

Asturias ha estrenado noviembre con el índice de riesgo de incendio forestal al alza en buena parte del territorio. Según los datos oficiales correspondientes al lunes 2 de noviembre, quince de los 78 concejos figuran en nivel 3 —riesgo alto—, frente a los nueve del día anterior. La mayoría se concentra en el occidente, una comarca de grandes masas forestales, pastos y núcleos dispersos donde cualquier fuego se complica rápido.
Qué concejos están en nivel alto
En el occidente aparecen Allande, Boal, Cangas del Narcea, Degaña, Grandas de Salime, Ibias, Illano, Pesoz y Villayón. En la zona central y de montaña interior se suman Grado, Proaza, Quirós, Santo Adriano, Teverga y Yernes y Tameza.
La variación en 24 horas es el dato llamativo: el domingo estaban en alto Cangas del Narcea, Degaña, Grado, Ibias, Proaza, Quirós, Santo Adriano, Teverga y Yernes y Tameza, y el lunes se incorporaron seis municipios más, todos ellos del occidente. Supone un incremento del 66,7 % en el número de concejos clasificados en esa categoría, según recoge Asturias Mundial a partir del índice oficial.
Ningún concejo alcanza los niveles 4 (muy alto) ni 5 (extremo). En el extremo contrario, solo ocho municipios presentan riesgo bajo: Amieva, Cabrales, Cangas de Onís, Onís, Parres, Peñamellera Alta, Piloña y Ponga. El resto, hasta sumar 70 concejos, está en moderado o alto, incluidas Oviedo, Gijón y Avilés, que permanecen en nivel moderado junto a Siero, Mieres, Langreo y los municipios costeros.
Riesgo no es incendio
Conviene aclarar el alcance del dato. Que quince concejos estén en nivel alto no significa que haya quince fuegos activos, ni evacuaciones, ni despliegues extraordinarios de extinción. El índice es una herramienta de prevención que mide el peligro potencial de que se inicie y se propague un incendio en cada concejo, y se recalcula a diario en función de variables como la humedad del terreno, las temperaturas, las precipitaciones, la vegetación combustible acumulada y el viento.
Por qué arde en otoño
La idea de que el peligro desaparece con el verano no se sostiene en Asturias. El otoño deja en el monte hojarasca, ramas y restos vegetales que, si pierden humedad y coinciden con una racha de viento, se convierten en combustible fino. El viento es, además, el factor que transforma un conato en una emergencia seria, sobre todo en terrenos de difícil acceso como los valles occidentales y las sierras del interior.
Qué implica para quien trabaja en el monte
La advertencia afecta de lleno a ganaderos, agricultores, propietarios de fincas y trabajadores forestales. El uso del fuego está regulado y las autorizaciones de quema fijan las condiciones en las que puede ejecutarse, incluidos los niveles del índice compatibles con la actividad. Tener permiso no equivale a poder quemar cualquier día: hay que consultar el índice del concejo y las condiciones concretas del documento antes de encender nada.
- No realizar quemas si el índice o el permiso no lo permiten.
- Extremar la precaución con maquinaria agrícola o forestal capaz de generar chispas cerca de vegetación seca.
- No arrojar colillas ni objetos encendidos en zonas con matorral o pasto seco.
- Vigilar fincas y montes y avisar de cualquier columna de humo.
- No intentar sofocar un fuego sin medios: alejarse y llamar al 112 indicando la localización con la mayor precisión posible.
Cuando se alcanzan los niveles muy alto o extremo entran en vigor restricciones adicionales para determinadas actividades. Ese no es el caso de este lunes, pero las obligaciones preventivas ordinarias siguen siendo exigibles en todos los concejos.
El occidente, el más expuesto
La concentración de municipios en nivel alto en comarcas como el Narcea, los Oscos-Eo o el entorno de Grandas de Salime no es casual: coinciden ahí grandes superficies arboladas, pastizales de montaña, explotaciones ganaderas y aldeas repartidas por laderas de acceso complicado. Un incendio en esas condiciones no se queda en pérdida de arbolado: destruye pastos, daña instalaciones, empobrece los ecosistemas y pone en riesgo viviendas e infraestructuras rurales. Y dificulta la llegada de los equipos de extinción.
El índice varía a diario según la evolución meteorológica, de modo que la recomendación es consultarlo antes de cualquier trabajo que implique fuego o maquinaria en el monte.
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Elaborado a partir de información publicada por Asturias Mundial · Fuente primaria: documento original