Cabrales, el concejo asturiano que exporta montaña y queso al mundo
Con menos de 2.000 habitantes, Cabrales combina la meca de la escalada en el Picu Urriellu y la segunda DOP quesera más antigua de España.

Pocos concejos asturianos tienen tanta proyección exterior con tan pocos vecinos. Cabrales, con menos de 2.000 habitantes repartidos en casi 240 kilómetros cuadrados de alta montaña, se ha hecho un nombre fuera de Asturias por dos motivos muy distintos y complementarios: una pared de roca caliza que persiguen los escaladores de medio mundo y un queso azul que se subasta por cifras de récord. Así lo repasa un reportaje publicado por El Comercio dentro de su serie de propuestas de viaje por la región.
Los Picos de Europa, la razón de ser del concejo
El macizo condiciona todo en Cabrales: el paisaje, los accesos, la economía y hasta la forma de los pueblos. El territorio supera con holgura los 2.000 metros de altitud en varias cumbres, con el Torrecerredo (2.648 metros) como techo y el Naranjo de Bulnes, el Picu Urriellu (2.519 metros), como icono reconocible desde cualquier postal de los Picos.
Esa pared vertical ha convertido al concejo en destino habitual de alpinistas de los cinco continentes. Los hermanos vascos Eneko e Iker Pou, una de las cordadas más conocidas del panorama internacional, la han comparado con grandes paredes mundiales como las de Yosemite o la Patagonia. En 2009 abrieron allí la vía Orbayu, considerada una de las más exigentes que existen, un hito que reforzó el tirón del Urriellu entre los escaladores profesionales.
Un queso con denominación desde 1981
El otro gran embajador es el queso. La Denominación de Origen Protegida del Cabrales es la segunda más antigua de España, reconocida en 1981, solo por detrás del Roncal. Su singularidad está en la maduración: las piezas reposan en cuevas naturales abiertas en la propia roca de los Picos, donde la humedad y la temperatura constantes permiten que los mohos del género penicillium desarrollen las vetas verdeazuladas, el olor intenso y el sabor picante y persistente que lo identifican.
Ese prestigio tiene también su escaparate anual. El certamen que cada último domingo de agosto elige el mejor Cabrales del mundo termina con una subasta en Arenas de Cabrales a la que acuden hosteleros de toda España. Las pujas han llevado al queso a acumular hasta seis récords Guinness como el más caro del mundo vendido en subasta; en la última edición, la pieza ganadora alcanzó los 37.500 euros.
Pueblos de montaña y rutas a pie
Más allá de la cumbre y del queso, el concejo conserva un rosario de núcleos de alta montaña: Arenas, Carreña, Poo, Sotres, Tielve o Bulnes, este último sin acceso rodado y comunicado mediante funicular. La Ruta del Cares, que recorre la garganta entre Asturias y León, y la Cueva Museo del Queso Cabrales completan los planes más frecuentes de quienes se acercan a la zona.
En la mesa, el producto local manda: el queso aparece al natural o como base de salsas y elaboraciones, acompañado de los clásicos de la cocina asturiana. La oferta de alojamiento se reparte entre hoteles y un buen número de casas de aldea y apartamentos rurales, un modelo que sostiene buena parte de la actividad económica en un municipio donde el turismo y la ganadería van de la mano.
La combinación explica por qué un concejo pequeño y de orografía complicada figura en el mapa internacional: la montaña atrae visitantes y el queso mantiene vivas las explotaciones que la pastorean.
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Elaborado a partir de información publicada por El Comercio · Fuente primaria: documento original