ArcelorMittal reenciende el horno A de Veriña tras la explosión del miércoles
La siderúrgica volvió a arrancar el viernes el horno alto A de Gijón y calcula al menos 48 horas más para recuperar el ritmo normal de producción.

El horno alto A de Veriña, en Gijón, volvió a encenderse este viernes, dos días después de que una explosión obligara a detenerlo de forma imprevista. ArcelorMittal, sin embargo, no da todavía por cerrado el episodio: la compañía calcula que hará falta al menos 48 horas más para que la instalación recupere su régimen habitual de trabajo, según informa Asturias Mundial.
Qué ocurrió el miércoles
El incidente se produjo hacia las 9:30 horas del miércoles y activó de inmediato los protocolos de emergencia de la factoría, donde en ese momento trabajaba alrededor de medio centenar de personas. No hubo heridos y los daños materiales resultaron menores de lo que se temió en un primer momento.
Las primeras hipótesis apuntan a una vaporización súbita en un elemento de la plataforma de toberas, la zona baja del horno por donde se inyecta el aire caliente necesario para sostener el proceso. Tras la parada se llevaron a cabo inspecciones y reparaciones, mientras el horno alto B continuaba en funcionamiento.
Encender no es producir
Un horno alto no se apaga y se enciende como una máquina convencional. Está diseñado para trabajar de manera prácticamente continua, las veinticuatro horas, transformando mineral de hierro y coque en arrabio a temperaturas extremas. Volver a arrancarlo es solo el primer paso: después hay que resincronizar temperaturas, presión, entrada de aire, carga de mineral y extracción del metal hasta lograr un flujo estable.
Por eso la empresa habla de una recuperación progresiva. La actividad se irá incrementando poco a poco hasta alcanzar los parámetros normales, y solo entonces podrá considerarse superada la incidencia. No hay ninguna información pública que apunte a que el rearranque se esté produciendo en condiciones anómalas.
Cuánto se ha dejado de producir
El horno A ha llegado a registrar jornadas próximas a las 6.000 toneladas de arrabio y su capacidad nominal ronda los 2,5 millones de toneladas anuales. Una interrupción de tres o cuatro días equivale, en teoría, a decenas de miles de toneladas que no se han obtenido, aunque eso no se traduce automáticamente en acero perdido ni en pérdidas económicas equivalentes: el horno B siguió operativo, la planta trabaja con existencias intermedias y una instalación de este tamaño dispone de márgenes para absorber paradas limitadas.
ArcelorMittal no ha facilitado ninguna cifra sobre el coste de la avería, ni sobre el efecto en la acería. Tampoco se ha comunicado medida laboral extraordinaria alguna.
El precedente del horno B
La cautela con la que se sigue el proceso tiene una explicación reciente. El horno alto B sufrió en 2025 una avería grave que empezó pareciendo una interrupción puntual y acabó derivando en meses de intentos fallidos de estabilización y en una parada en frío para poder intervenir a fondo. No volvió a la actividad hasta mayo de este año. Las circunstancias ahora son distintas —los daños del horno A han sido limitados—, pero aquella experiencia dejó claro que arrancar y estabilizar son dos cosas diferentes.
Una infraestructura única en España
Las plantas de Gijón y Avilés forman en conjunto la única siderurgia integral que queda en España, la única que fabrica acero partiendo directamente del mineral de hierro, con capacidad cercana a los cinco millones de toneladas anuales. En Gijón se concentra buena parte de la fase caliente del proceso y los trenes de laminación de chapa gruesa, carril y alambrón.
La compañía emplea en Asturias a algo menos de 5.000 personas, a las que se suma un amplio entramado de empresas auxiliares, transportistas y proveedores. Todo ello mientras avanza la transición hacia una siderurgia menos contaminante: junto a los hornos está prácticamente terminada una nueva instalación en la que se han invertido unos 213 millones de euros, pensada para producir alrededor de 1,1 millones de toneladas anuales de semiterminados destinados a los trenes de carril y alambrón.
Hasta que esa transformación culmine, la producción asturiana sigue dependiendo de dos grandes instalaciones de tecnología del siglo pasado. Y cuando una de ellas se para, el efecto se nota en toda la cadena industrial de la región. Otras decisiones sobre el tejido industrial asturiano, como la oferta del Principado por el taller de Barros, se mueven en el mismo contexto de reconversión.
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Elaborado a partir de información publicada por Asturias Mundial · Fuente primaria: documento original