La rula de Avilés subasta un atún rojo de 193 kilos pescado en Cabo Peñas
El ejemplar, de más de dos metros, lo capturó el palangrero 'Mar de Pedro' y acabó en una pescadería de La Felguera. Es el segundo atún rojo en una semana.

La lonja avilesina ha vivido una semana poco común: dos ejemplares de atún rojo han pasado por su subasta en apenas siete días. El último, con 193 kilos de peso y más de 210 centímetros de longitud, fue capturado por el palangrero Mar de Pedro frente a la costa de Cabo Peñas, dentro de las doce millas náuticas. Lo adelanta elDiario.es Asturias.
De la cancha de Avilés a una pescadería de La Felguera
El pescado se adjudicó en la subasta de la tarde a Jonathan Fernández, de la pescadería "Gloria y Pablo", que lo destinó a la venta en su establecimiento de la plaza de abastos de La Felguera, en el concejo de Langreo. Es decir, un atún capturado en aguas del Cantábrico central que termina en el mostrador de una plaza de las Cuencas, sin pasar por circuitos de exportación.
El jefe de cancha de la Nueva Rula de Avilés, Jorge Fernández, describió la pieza como "un ejemplar precioso que fue pescado con anzuelo". Y añadió un detalle que en la lonja marca la diferencia de calidad: "Estaba vivo, como decimos aquí en el argot". La captura con anzuelo y el manejo inmediato a bordo influyen de forma directa en el estado de la carne y, por tanto, en el precio que alcanza en la puja.
Pocos días antes, el arrastrero de litoral Eleuterio José Balayo había desembarcado otro atún rojo de 163 kilos, capturado a 14 millas al norte, en la franja de mar comprendida entre Cudillero y Luarca.
Una especie con reglas propias
El atún rojo no es un pescado más en la lonja. Se trata de una especie sometida a una regulación internacional estricta, con cuotas repartidas por países y artes de pesca, pensada para recuperar unas poblaciones que llegaron a estar en situación delicada en el Atlántico oriental y el Mediterráneo.
En el caso de la flota que faena en el Cantábrico, las embarcaciones autorizadas pueden capturar de manera fortuita un ejemplar por marea y día. Es decir, no salen a buscar atún rojo: lo que la norma contempla es que, cuando el animal aparece en el arte o pica en el anzuelo, pueda desembarcarse en condiciones controladas en lugar de perderse.
A ese límite se suman obligaciones de trazabilidad. La embarcación debe avisar de la descarga de un atún rojo con cuatro horas de antelación, el doble del plazo de dos horas que rige para el resto de las especies. Además, los ejemplares tienen que marcarse a bordo con un indicador facilitado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, unos dispositivos que los barcos que trabajan en Avilés han incorporado en las últimas semanas.
Qué dice esto del puerto avilesino
Para la rula, cada atún rojo supone un movimiento económico notable en una sola puja, porque el precio por kilo de esta especie se sitúa muy por encima del de las capturas habituales de la flota de litoral. No es una actividad sobre la que pueda construirse una temporada —la cuota fortuita lo impide—, pero sí un indicador del paso de la especie por aguas asturianas y de la capacidad de la lonja para gestionar descargas con requisitos administrativos exigentes.
El puerto de Avilés combina esta actividad pesquera con un tráfico comercial que marca su ritmo anual, como la llegada de los primeros graneleros con blenda de Alaska. En la fachada cantábrica, la inversión en infraestructuras pesqueras sigue siendo un asunto recurrente, como muestra el nuevo pantalán del puerto de Lastres, en Colunga.
- Avilés
- pesca
- atún rojo
- Cabo Peñas
- lonja
- La Felguera
Elaborado a partir de información publicada por elDiario.es Asturias · Fuente primaria: documento original